miércoles, noviembre 05, 2008

Landlord, tenemos un problema

Hace un par de días estábamos en la cocina fumando unos cigarillos y hablando de lo radicales que nos hemos vuelto con el mundo en general desde que empezamos a trabajar aquí, cuando de repente oimos unos ruidos muy raros procedentes de la caldera. El caso es que tenemos sospechas de que tenemos un inquilino metido en el conducto del gas, algo que nos asusta bastante y que suele manifestarse por las tardes. Jorge cree que es aire, nosotros creemos que es un pájaro o un roedor, o cualquier otro animal de estos que abundan por estas tierras. El caso es que hemos llamado al casero y nunca coge el teléfono. Para colmo ayer se estropeó la lavadora y por lo visto se inundó la cocina. Esta casa es la casa de los horrores. LANDLORD, TENEMOS UN PROBLEMA!

Como cambia la vida cuando uno empieza a trabajar. Es cierto que trabajar en un restaurante tiene pocas cosas buenas, pero si a eso le añades salir de trabajar y encontrarte con el cielo más gris que jamas hayas visto antes y que encima esté anocheciendo puede parecer deprimente, en parte lo es, por eso estos días estamos, o mejor dicho estoy, con un humor muy cambiante: feliz, triste, feliz, triste, feliz, triste. El otro día hablado con mi madre, le contaba lo orgullosa que me sentía por estar soportando este trabajo y se reía cuando le explicaba que tenía la sensación de estar sacando adelante a una familia. No me quiero ni imaginar como me sentiré el primer mes que pueda pagar el alquiler...

La verdad es que el trabajo está siendo más duro de lo que imaginaba. Insisto, trabajar en un centro comercial es una mierda, lo mires por donde lo mires.


Hoy me han enviado al restaurante de Coven Garden otra vez y eso es otro cantar, ni mejor, ni peor, otro cantar. Lo bueno son los descansos con zumo y cigarro.

Lo malo, un compañero de trabajo que me provoca unos sentimientos bastante desagradables. No para de marearme, de darme ordénes, de contradecirse, de no hacer nada y para colmo, hoy me ha cobrado una yogur de leche de soja y plátano. ARGGG. Después de trabajar 8 horas como un animal, te coges un yogur casi por compromiso (porque odio la comida de este sitio) y encima el tío va y me lo cobra. He salido de trabajar como una moto, menos mal que he podido sentarme en el metro y me he relajado al ritmo de lo que me saltaba en el iPod y una ensalada de noodles, bacon y queso de cabra.

Además de trabajar no hemos hecho casi nada en los últimos días. EL domingo hicimos una comida en casa, en principio iba a ser una paella pero acabo convirtiéndose en pollo barbacoa y costillas de cerdo del morrison, delicatessen listas para comer a un precio increible.



Lo que no es ni mucho menos una delicatessen, son estos wrabs que me preparo para comer en el Tossed.


Ayer cuando salimos de trabajar quedamos con Saray y nos fuimos a tomar un café a Queensway, que se ha convertido en nuestro punto oficial de encuentro. Nos pusimos al día en todo lo que nos teníamos que poner y nos comimos un waffle de belgian chocolate, para no variar. Pasamos de las clases de inglés, ya que hemos decidido que ahí no se aprende nada, asiq nos dimos una vuelta en busca de un lugar dónde imprimir unos curriculums(algo que siempre resulta mucho más complicado de lo que puede parecer)y nos fuimos a nuestras respectivas casas.

Hoy hemos llegado a casa hechos una mierda. Que cansancio, que mal cuerpo...al menos ha ganado Obama.

viernes, octubre 31, 2008

Me cago en los SHOPPING CENTRE

Esta semana ha empezado muy bien. El lunes cuando llegamos al trabajo nuestro manager nos dijo que podíamos tomarnos el día libre porque había muchos empleados nuevos y tenían que hacerles el training. Nos fuimos encantados. Aprovechamos la mañana para ir al banco, a dar un paseo por Chelsea y a comer junto al lago de Hyde Park unos sandwiches de pret a manger que yo, personalmente, aborrezco. Hacía un frío de narices, aún así nos cruzamos el parque dando un paseo mientras contemplábamos con miedo la mala educación y el descaro de los niños ingleses, también de sus madres. Llegamos hasta Lancaster Gate y subimos hasta casa de Saray, luego nos fuimos a tomar un chocolate y volvimos a encontrarnos con un camarero latino que nos habló en español. Este es el pan nuestro de cada día. Así no se puede aprender inglés.

El martes nuestro día de descanso se truncó. Bonnie, una de las jefas de la empresa encargada del personal, y hermana del dueño, nos mandó un mensaje contándonos que teníamos que ir a una INDUCTION en el nuevo centro comercial. Fuimos, nos soltaron un rollo de higiene y seguridad en el trabajo, nos dieron un chaleco reflectante y una acreditación y nos fuimos por dónde habíamos venido. Comimos en casa a toda prisa para aprovechar la tarde. Fuimos al Natural History Museum con Saray, nos dió tiempo a ver la sala de dinosaurios y la de mamíferos, aquí los museos cierran muy pronto, como todo. Me encanta ver animales disecados, cuanto más grandes mejor. Volvimos a comprovar la falta de civismo de madres y niños ingleses. Nos encontramos a una madre cambiándole los pañales a su criatura bajo las pezuñas de una maqueta de albertosaurus. Niños meneando esqueletos, rompiéndolo todo, gritando, corriendo, insultando...que miedo me dan los niños ingleses, que miedo! A la salida nos tomamos un chocolate caliente, como todos los días, y nos despedimos bajo una lluvia exagerada.














Esa misma noche nevó. El jardín se puso blanco y nos acostamos con la ilusión de hacer un muñeco de nieve a la mañana siguiente, pero nada, por la mañana ni rastro de nieve, sólo frío, frío y frío.



El miércoles tuvimos que volver al centro comercial para que, supuestamente, alguién nos dijera lo que teníamos que hacer el día de la gran inauguración. Sólo nos enseñaron a abrir las botellas de vino (bastante malo por cierto, pero orgánico, eso sí), a medirlo antes de servirlo en la copa, aquí la maximización de beneficios no es una opción es una obligación. Después de está apasionante charla fingimos limpiar durante un par de horas y nos volvimos a casa. Helados de frío y odiando a nuestra nueva manager. Es indescriptible.

El jueves llegó el gran día, la inauguración del centro comercial. Recibí un mensaje por la mañana en el que me decían que volviera al restaurante de coven garden. Por un momento pensé, jo que rabia está más lejos de casa, pero cuando fui consciente del horror que se podría respirar en la inauguración de un centro comercial de tales dimensiones, respiré tranquila. La cosa salió mal y cuando llevaba trabajando sólo media hora en Coven Garden me dijero que me viniera pitando al del centro comercial. Cuando puse mi pié en Westfield no me lo podía creer, es como si multiplicas por un millón la gente que hay en el Primark de Oxford Street un sábado, pues toda esa gente estaba allí dentro, un jueves por la mañana, un día normal y corriente, con la diferencia de que todos los niños ingleses están de vacaciones. Que miedo me dan!
El balance del día de ayer es HORROR, CANSANCIO, ODIO...Trabajamos casi 10 horas, sin descanso y sin comer, mientras la gente se volvía loca comprando, bebiendo champagne gratis y gritando con unas actuaciones que no llegué a adivinar de quién se trataban. Alguién decía que eran las pussycat dolls, yo ni idea. Para acabar de rematar el día, mi bolso (con toda mi ropa dentro) y mi chaqueta desaparecieron. La manager de este restaurante o lo que quiera que sea me dijo que tendría que buscarlo yo porque ella no lo iba a hacer. Finalmente lo encontré, me fuí al baño y me cambié entre amagos de desmayo y rabia.

En una hora entro otra vez a trabajar...y me temo que va a ser exactamente igual que ayer, pero hoy me voy a mi hora, eso seguro.

domingo, octubre 26, 2008

Spanish omelette & pisto

Llevo una semana sin actualizar, parece que el domingo es el día indicado para escribir el blog, es un buen día de descanso y perreo. Odio la palabra perreo pero hoy, nadie sabe porqué, la he utilizado en un par de ocasiones, será porque es domingo.

Esta semana empezó a las 9 y media del lunes en Oxford Street. Me recorrí con Saray todas las tiendas de Inditex de la zona. Nos cogimos autobuses para bajarnos en la parada siguiente y nos recorrimos Oxford St mil veces. Creo que ya conocéis mi odio a esta calle londinense. Mucha gente. Mucho ruido y pocas nueces. Aunque he de reconocer que Topshop me tienta, pero la austeridad gobierna mi vida en esta ciudad y estoy encantada. Saray y yo le echamos un ojo a la nueva colección de Kate Moss que, en mi opinión, se le ha ido un poco de las manos, como su vida en general. Nos gustaron unas cuantas cosas pero la austeridad manda.



Después de patearnos la calle, de comer un belgian chocolate en Waffle con un café hirviendo nos despedimos. Yo me fui a la entrevista en Tossed y ellas a seguir dando CV a diestro y siniestro. Mi entrevista bien. Le conte a Bonnie, la manager encargada de hacer las entrevistas, que el restaurante me encantaba y otro tipo de cosas que probablemente no entendiera por mi nivel de inglés que, de momento, sólo me permite ser bastante escueta. El miércoles fue mi primer día de trabajo. Me han enviado al mismo restaurante en el que está Jorge.



Esta es la calle dónde trabajamos

El trabajo no es para tirar cohetes, nunca había trabajado antes en la hostelería y tengo claro que nadie puede disfrutar con un trabajo de este tipo, pero por mi propia experiencia sé que existen trabajos mucho peores ( léase limpiar habitaciones en un hotel). Podemos vivir con este sueldo (o eso creo) y el horario es bueno. Como muy tarde a las 4 estamos fuera. El jefe te da las gracias cada día cuando se despide de ti. Los clientes son sosos y pijos. Los compañeros se dividen en dos grupos: unos muy majos y luego está Adolfina, que es otro mundo, otro concepto del no saber estar y del " te estoy jodiendo la vida que ya te digo". A mi todo me la trae al pairo. El jueves nos cambian al restaurante de Westfield, un macrocentro comercial que se inaugura ese día y que está siendo el acontecimiento de los últimos días. En el London Paper publican la cuenta atrás hasta el día de su apertura e informan diariamente de las obras del mismo.



El resto de la semana no ha tenido nada especial. El martes el metro se averió cuando estábamos de camino al curso de inglés, no llegamos a tiempo a casa. Sinceramente me dió un poco igual porque cada vez estoy más convencida de que en estas clases no voy a aprender demasiado. Aún así hasta la vuelta de navidades no nos apuntaremos a la academia. El resto de los días trabajar, siesta, supermercado y cama. El viernes cuando salimos de trabajar nos pasamos por casa de Saray y salimos a tomar algo por su barrio. Terminamos en una terraza en Queensway y tomándonos un batido bien rico mientras charlábamos con la camarera, que resultó ser española y un poco "jevi". Después nos dimos un paseo y entramos en un supermercado que no conocíamos, tanteamos precios y productos, compramos pan bimbo integral y nos volvimos a nuestras casas.

Ayer nos pasamos el día haciendo, literalmente, nada. Nada productivo, pero si reconfortante. Escuchar música bajita mientras descansas bajo el nórdico es un buen plan para un sábado como el de ayer, de frío y mal tiempo. Por la noche habíamos quedado con Saray y con Carla para que se vinieran a cenar a casa y así conocieran a nuestros compañeros de piso. Por la tarde fuimos con Kike y Miguel al Morrisons a hacer la compra. Cervezas finas, quesos y todo el material necesario para el pisto de Miguel y las tortillas de Jorge.



Total, que nos lo pasamos de pamelas. Jugamos a juegos de cartas importados por Saray, todos consistían en beber, los chicos nos hicieron trucos de magia y cuando el tema se trasladó de la mesa al sofá yo me quedé dormida mientras hablaban de todo un poco.












Hoy domingo no hemos hecho nada más que lamentarnos por este cambio de hora e intentar evitar la depresión que conlleva que a las 5 de la tarde sea de noche. Hemos dado un paseo nocturno y nos hemos vuelto a casa en el 7. Mañana es lunes. Que horror!

domingo, octubre 19, 2008

Domingo

Un domingo es un domingo, estés en Londres, en Carabanchel o en Helsinki. Hoy, domingo, nos hemos dedicado a algunas labores del hogar ( hacer la compra y poner una lavadora), hemos hablado con los chicos y nos hemos tirardos en la cama a perder la tarde. Mientras escribo estas líneas Jorge plancha la oreja a mi lado sin mostrar ningún síntoma de vida. El es así, duerme mucho y bien. Yo duermo poco y, a veces, mal. Cuando uno no trabaja, como en mi caso (por poco tiempo, espero) podría parecer que el domingo es un día como otro cualquiera, yo lo pensaba también, pero no es así.

Desde la última entrada que escribí no ha habido ninguna novedad especial en lo referente a nuestras vidas. Jorge sigue trabajando y sigue contento. Yo he hecho un par de entrevistas, en una de ellas me cogieron sin preguntarme ni mi nombre, pero era turno de tarde y me niego a perder mis clases de inglés y a trabajar por la noche, siempre he sido de las que piensan que al trabajo hay que ir por la mañana, las noches son para otras cosas. La otra entrevista fue un cara a cara con una manager que no paraba de sonreir y de decirme que todo estaba bien, sin hacerme ningún tipo de pregunta. Me habló de la compañía, del pollo picante y de unas cuantas cosas más que no entendí y me dijo que me llamaría. Supongo que es lo que siempre se dice. Mañana tengo otra entrevista para el Tossed (el restaurante en el que trabaja Jorge) asiq espero que la cosa salga bien. Quiero empezar a trabajar. Sé que empezar a trabajar supondrá empezar a quejarme del trabajo (sea cual sea) pero yo soy de quejarme y eso es irremediable.

El miércoles pasado fui con Carla, Saray y una amiga suya a la agencia para ver el contrato del piso y al "raro" de agencia inmobiliaria. Después nos fuimos paseando hasta su casa y me enseñaron su portal, ya que las llaves no se las daban hasta el viernes.



Después me acompañaron al banco. Por fin tengo cuenta inglesa y tarjeta. Me atendió una canaria acatarrada muy simpática que me dió un montón de papeles y me lo explico todo muy bien. Sabía que era inevitable volver a entrar en Harrod's (está justo enfrente de la oficina BBVA) a contemplar con horror y risas el homenaje a Diana que esos grandes almacenes albergan en su interior.


Eso sí, después de comernos un bocadillo de bacon, queso y mahonesa en una terraza, al sol y al frío, pero fumando un cigarro. Al final nos pasamos la tarde allí dentro, viendo lujo y oropel, y horrorizadas especialmente por la ropa de niños y las multimillonarias en chandal, bolso de hermés y su jeque tirando de american express.

El jueves creo que no hicimos nada especial, y si lo hicimos no lo recuerdo muy bien. Por la tarde fuimos a clases de inglés y descubrimos que vamos con Henar (mi prima), nos pusimos al día de nuestras vidas y nos volvimos a casa por dónde habíamos venido.
El viernes me pasé la mañana haciendo tiempo entre las dos entrevistas. Paseando por coven garden, viendo tiendas, queriéndome comprar mil cosas y gastándome pounds solamente en cafés, hot chocolates, comidas malas (me comí la peor quiche que he probado en mi vida aderezada con una ensalada que sólo llevaba pepino, y no, no me gusta el pepino) y cigarillos. Justo cuando salí de la segunda entevista Jorge me llamó para decirme que había salido antes del trabajo y quedamos en encontrarnos por Oxford Street, creo que es la calle que más odio de Londres, especialmente los fines de semana y más aún, estando en obras. Total, que nos tomamos un café y quedamos con Saray y Carla en casa para que recogieran sus maletas y se instalasen definitivamente en su casa. Optamos por el taxi, porque aquí metro+maletas es lo más incompatible que alguién se pueda imaginar.

Ayer quedamos por la mañana para ir a Portobello. Las chicas llegaron tarde, pero nos dió igual porque por ser ellas se lo perdonamos todo. Nos recorrimos el mercadillo cacharreando y tocando pieles entre ataques de risa injustificados y enormes cantidades de gente.













Definitivamente Notting Hill es mi barrio favorito y cuando nos cambiemos de casa miraremos algún apartamento por allí. Nos cogimos el 7 ( todavía no controlamos los autobuses pero el 7 es el que nos deja en casa y casualmente siempre aparece allí dónde lo necesitamos, lo mismo nos vale para venirnos desde Oxford street a casa, que para movernos por el centro, que para ir a hacer la compra, vayas dónde vayas cógete el 7, ese es nuestro lema) y nos fuimos a comer a little Italy. Desde la última vez que fuimos el menú ha subido 3 pounds, ¿como es posible teniendo en cuenta que desde entonces sólo ha pasado una semana?. Será que estamos en la ciudad de la crisis, en la punta del iceberg.






Por la tarde nos dimos un paseo por el Soho, fuimos a hacer la compra con Saray al Morrison's y acabamos en el walk about tomándonos una pinta bien rica mientras contemplábamos el serpenteo de una chonis a ritmo de Gala y mientras Saray recreaba su baile de fin de curso del cole, con esa misma canción. Nos fumamos un cigarillo a la salida y nos vinimos a casa, con frío, hambre y sueño.







Mañana será otro día. Y espero poder decir que ya tengo un trabajo.