Como cambia la vida cuando uno empieza a trabajar. Es cierto que trabajar en un restaurante tiene pocas cosas buenas, pero si a eso le añades salir de trabajar y encontrarte con el cielo más gris que jamas hayas visto antes y que encima esté anocheciendo puede parecer deprimente, en parte lo es, por eso estos días estamos, o mejor dicho estoy, con un humor muy cambiante: feliz, triste, feliz, triste, feliz, triste. El otro día hablado con mi madre, le contaba lo orgullosa que me sentía por estar soportando este trabajo y se reía cuando le explicaba que tenía la sensación de estar sacando adelante a una familia. No me quiero ni imaginar como me sentiré el primer mes que pueda pagar el alquiler...
La verdad es que el trabajo está siendo más duro de lo que imaginaba. Insisto, trabajar en un centro comercial es una mierda, lo mires por donde lo mires.
Hoy me han enviado al restaurante de Coven Garden otra vez y eso es otro cantar, ni mejor, ni peor, otro cantar. Lo bueno son los descansos con zumo y cigarro.
Lo malo, un compañero de trabajo que me provoca unos sentimientos bastante desagradables. No para de marearme, de darme ordénes, de contradecirse, de no hacer nada y para colmo, hoy me ha cobrado una yogur de leche de soja y plátano. ARGGG. Después de trabajar 8 horas como un animal, te coges un yogur casi por compromiso (porque odio la comida de este sitio) y encima el tío va y me lo cobra. He salido de trabajar como una moto, menos mal que he podido sentarme en el metro y me he relajado al ritmo de lo que me saltaba en el iPod y una ensalada de noodles, bacon y queso de cabra.
Además de trabajar no hemos hecho casi nada en los últimos días. EL domingo hicimos una comida en casa, en principio iba a ser una paella pero acabo convirtiéndose en pollo barbacoa y costillas de cerdo del morrison, delicatessen listas para comer a un precio increible.
Lo que no es ni mucho menos una delicatessen, son estos wrabs que me preparo para comer en el Tossed.
Ayer cuando salimos de trabajar quedamos con Saray y nos fuimos a tomar un café a Queensway, que se ha convertido en nuestro punto oficial de encuentro. Nos pusimos al día en todo lo que nos teníamos que poner y nos comimos un waffle de belgian chocolate, para no variar. Pasamos de las clases de inglés, ya que hemos decidido que ahí no se aprende nada, asiq nos dimos una vuelta en busca de un lugar dónde imprimir unos curriculums(algo que siempre resulta mucho más complicado de lo que puede parecer)y nos fuimos a nuestras respectivas casas.
Hoy hemos llegado a casa hechos una mierda. Que cansancio, que mal cuerpo...al menos ha ganado Obama.


