martes, junio 17, 2008

ATENCIÓN ESTACIÓN EN CURVA...

El sábado fue la cena de graduación. Después de haber pasado tres días jodida con una especie de depresión post-universidad, el sábado por la tarde salí de casa con ganas de cena y de unos gintonics. La cena empezó bien y acabó mejor. De camino a Cats la cosa se empezó a calentar, sobre todo los dedos meñiques de mis pies que se convirtieron en auténticos botillos debido a las rozaduras de mis zapatos. Hice una parada en Vips y me compré el típico kits de tiritas de todos los tamañanos, que luego nos dieron mucho juego.



En la entrada teníamos que decidir cuantas copas ibamos a tomarnos para comprar los tikets de 2x8€, yo no acerté con el número de copas. Que ingenua cuando pensé que cuatro copas serían suficientes...La noche fue avanzando entre bailes por el suelo con Virginia, conversaciones divertidas, risas, vomitonas ajenas en el baño, más bailes y chupitos. A media noche me pasé del brugal cola al gintonic y fue un DO total. De repente las luces se encendieron y nos largaron con la típica sensación de que sólo habían pasado un par de horas desde que habíamos llegado.



Hicimos el imbécil durante un buen rato en la calle. Fui descalza desde Guzmán el bueno hasta Argüelles, me paré a mear mil veces entre los coches y Miguel conmigo, alguien se paró en un quisoko y compró el marca por 30 céntimos. LLegamos al metro Argüelles y decidimos que nos íbamos a desayunar al Brillante. Del viaje en metro no recuerdo nada. Cuando llegamos a nuestro destino, para de metro Lavapiés, fue entonces cuando, después de oir la megofonía del metro que reza "Atención, estación en curva, al salir tengan cuidado para no introducir el pie entre coche y andén", yo introduje mi pierna izquierda entre coche y andén. La introduje hasta el alto muslo y alguien, que todavía no recuerdo, me sacó de ahí. Nos reímos muchísimo de mi caída. Al llegar al brillante levanté mis majas y vi el percal de mi pierna izquierda. Alguien me pidió un chocolate con porras, mientras yo le pedía un piti a un camarero de esta guisa.



Después salimos e intentamos una despedida triste, pero nuestro pedo nos impedía cualquier muestra de cariño. Llegué a casa a las nueve y fue entonces cuando fui consciente de que haber introducido el pie entre coche y me pasaría factura los próximos días.