jueves, junio 26, 2008

LAS BICICLETAS SON PARA EL VERANO... los trabajos no.

Esta mañana me he despertado con una sensación de cansancio increíble. Un cansancio totalmente injustificado puesto que mi vida es ahora mismo un continuo relax. Mientras desayunaba pan tostado con mi madre he caído en la cuenta de que ese cansancio era producto del sueño que había tenido. Soy de esas que nunca recuerda lo que sueña y hoy si lo he recordado, pero poco. Sólo tengo una imagen en la que yo andaba en bicicleta por un camino la mar de feo que hay cerca de mi casa, la cuestión es que el camino nunca se acababa y cada metro que avanzaba hacía más calor y yo sudaba más y más hasta que me he despertado y lo único real del sueño era el sudor, debido, creo, a mi extraña manía de dormir tapada con el nórdico en verano.



Además de recordar esa gilipollez de sueño he dedicado parte de la mañana a tomar el sol y una lata de coca-cola templada mientras hablaba con Laura por teléfono. Me ha contado que estaba de camino al trabajo y entonces he recordado ese plan de trabajar en verano que me había propuesto antes de que empezara el verano. Una vez aquí he pensado que con este calor que hace y con esta CRISIS sería muy difícil encontrar un trabajo que me diera el dinero suficiente para llegar a Inglaterra y tocarme los pies. Como eso es imposible, prefiero llegar y fregar platos, pero pensar, mientras uso un fairy de leader price, en lo poco que he hecho durante el verano y lo mucho que he disfrutado. Aún así, trabajaré la tarde de mañana y los cinco días de la semana que viene sustituyendo a mi hermano en la tienda. Esto me servirá para quejarme durante esos cinco días y para creer que he hecho algo útil durante el verano.

Por la tarde he hecho mi obligada visita estival al ginecólogo. Me he pasado casi dos horas paseando por la clínica hasta que Carmen (señora muy amable, enfermera y esposa del ginécologo) me ha dicho que era mi turno. Hasta ese momento he matado el tiempo pensando en lo feos que son los nuevos uniformes de médicos, enfermeras y auxiliares, en lo chulos y demodés que son los sofás de terciopelo rojo de la entrada ,en lo mal que queda vender panteras rosas en la cafetería de una clínica, en observar lo aburridas que deben estar las recepcionistas y en el calor que les tiene que dar el auricular pinganillo de espuma. El ginecólogo me ha estrechado la mano, me ha preguntado por mis estudios y mi familia, me ha mirado, me ha tocado y me ha dicho que todo está bien pero me ha cambiado la píldora y me ha dicho que tengo que dejar de fumar. Le he dicho que lo intentaría después del verano. Me ha sonreído y me ha dicho que en septiembre se lo cuente.