lunes, junio 23, 2008

EL DÍA EN QUE NOS EMPEZÓ A GUSTAR EL FÚTBOL

Cristo ha venido este fin de semana para desestresarse, tomar el sol e ir de vinos. Ayer por la mañana fuimos juntas a la piscina. Hablamos de todo un poco y nos pusimos al día en todo lo que nos teníamos que poner. Hacía un calor de cojones. Metimos medio cuerpo en el agua y luego el otro medio. Después de dos horas de sol decidimos que lo mejor sería irnos a tomar el aperitivo al bar del parque. Nunca he sabido el motivo por el que la gente va a ese bar, puede que sea porque es el único bar que hay en el parque, pero es que los camareros son lentos, sudan mucho y son cansinos en casi todos los aspectos. A pesar de todo esto nos hemos pasado una época larga de nuestra adolescencia pasando calor en la terraza ático de ese bar: fumando, arreglando el mundo, criticando y superando las resacas de domingo a golpe de helados y coca-colas. Ahora ya sólo vamos de vez en cuando para rememorar nuestra adolescencia.

La tarde de ayer fue una tarde de domingo en toda regla. Wii, siesta, wii, siesta. Mi hermano dormía placidamente en el sofa mientras yo le daba al guitar hero.Se despertaba cuando desafinaba y ponía esa cara que pone cuando parece que está despierto pero en realidad está dormido y sólo puede mover una ceja, creo que es la derecha.



A las 8 y media quedamos para irnos de vinos mientras España entera veía el partido de la Eurocopa. Las calles estaban vacías y también todos los bares que no tenían televisión de plasma. Después de los primeros vinos llegamos al Gato, un bar al que somos bastante fieles debido principalmente a su pincho de tortilla y a que tienen Pilgrim (el vino por el que ahora nos ha dado a Cristo y a mi). Cuando llegamos al Gato empezó la segunda parte del partido. Como quién no quiere la cosa nos empezamos a meter en el partido. Sin saber muy bien como ni porqué nos quedamos a verlo enterito, bebimos más tintos, nos abrazamos y aplaudimos mucho después de los penaltis. Yo creo que en realidad el fútbol nos da bastante igual pero ayer queríamos celebrar algo con unos vinos y ese era un motivo más que suficiente para justificar la caraja de un domingo.





Tres o cuatro bares más tarde, nos sentamos en una terraza. Hacía un poco de frío, creo que por eso Cristo cambió el vino por un Rua Vieja. Yo me pasé a la caña. Claus y Rober se fueron a casa.




Cris y yo nos fuimos en busca de celebración. Nos encontramos con mi hermano y nos invitó a una caña. Después nos pareció una idea cojonuda ir a darnos un paseo por el casco antiguo con caña en mano. Estuvimos en el castillo, en callejuelas, sentadas en la plaza de los culos, en más callejuelas,...







Y acabamos, como siempre, en LA MÁQUINA.