La tarde de ayer fue una tarde de domingo en toda regla. Wii, siesta, wii, siesta. Mi hermano dormía placidamente en el sofa mientras yo le daba al guitar hero.Se despertaba cuando desafinaba y ponía esa cara que pone cuando parece que está despierto pero en realidad está dormido y sólo puede mover una ceja, creo que es la derecha.
A las 8 y media quedamos para irnos de vinos mientras España entera veía el partido de la Eurocopa. Las calles estaban vacías y también todos los bares que no tenían televisión de plasma. Después de los primeros vinos llegamos al Gato, un bar al que somos bastante fieles debido principalmente a su pincho de tortilla y a que tienen Pilgrim (el vino por el que ahora nos ha dado a Cristo y a mi). Cuando llegamos al Gato empezó la segunda parte del partido. Como quién no quiere la cosa nos empezamos a meter en el partido. Sin saber muy bien como ni porqué nos quedamos a verlo enterito, bebimos más tintos, nos abrazamos y aplaudimos mucho después de los penaltis. Yo creo que en realidad el fútbol nos da bastante igual pero ayer queríamos celebrar algo con unos vinos y ese era un motivo más que suficiente para justificar la caraja de un domingo.
Tres o cuatro bares más tarde, nos sentamos en una terraza. Hacía un poco de frío, creo que por eso Cristo cambió el vino por un Rua Vieja. Yo me pasé a la caña. Claus y Rober se fueron a casa.
Cris y yo nos fuimos en busca de celebración. Nos encontramos con mi hermano y nos invitó a una caña. Después nos pareció una idea cojonuda ir a darnos un paseo por el casco antiguo con caña en mano. Estuvimos en el castillo, en callejuelas, sentadas en la plaza de los culos, en más callejuelas,...
Y acabamos, como siempre, en LA MÁQUINA.