El martes nuestro día de descanso se truncó. Bonnie, una de las jefas de la empresa encargada del personal, y hermana del dueño, nos mandó un mensaje contándonos que teníamos que ir a una INDUCTION en el nuevo centro comercial. Fuimos, nos soltaron un rollo de higiene y seguridad en el trabajo, nos dieron un chaleco reflectante y una acreditación y nos fuimos por dónde habíamos venido. Comimos en casa a toda prisa para aprovechar la tarde. Fuimos al Natural History Museum con Saray, nos dió tiempo a ver la sala de dinosaurios y la de mamíferos, aquí los museos cierran muy pronto, como todo. Me encanta ver animales disecados, cuanto más grandes mejor. Volvimos a comprovar la falta de civismo de madres y niños ingleses. Nos encontramos a una madre cambiándole los pañales a su criatura bajo las pezuñas de una maqueta de albertosaurus. Niños meneando esqueletos, rompiéndolo todo, gritando, corriendo, insultando...que miedo me dan los niños ingleses, que miedo! A la salida nos tomamos un chocolate caliente, como todos los días, y nos despedimos bajo una lluvia exagerada.
Esa misma noche nevó. El jardín se puso blanco y nos acostamos con la ilusión de hacer un muñeco de nieve a la mañana siguiente, pero nada, por la mañana ni rastro de nieve, sólo frío, frío y frío.
El miércoles tuvimos que volver al centro comercial para que, supuestamente, alguién nos dijera lo que teníamos que hacer el día de la gran inauguración. Sólo nos enseñaron a abrir las botellas de vino (bastante malo por cierto, pero orgánico, eso sí), a medirlo antes de servirlo en la copa, aquí la maximización de beneficios no es una opción es una obligación. Después de está apasionante charla fingimos limpiar durante un par de horas y nos volvimos a casa. Helados de frío y odiando a nuestra nueva manager. Es indescriptible.
El jueves llegó el gran día, la inauguración del centro comercial. Recibí un mensaje por la mañana en el que me decían que volviera al restaurante de coven garden. Por un momento pensé, jo que rabia está más lejos de casa, pero cuando fui consciente del horror que se podría respirar en la inauguración de un centro comercial de tales dimensiones, respiré tranquila. La cosa salió mal y cuando llevaba trabajando sólo media hora en Coven Garden me dijero que me viniera pitando al del centro comercial. Cuando puse mi pié en Westfield no me lo podía creer, es como si multiplicas por un millón la gente que hay en el Primark de Oxford Street un sábado, pues toda esa gente estaba allí dentro, un jueves por la mañana, un día normal y corriente, con la diferencia de que todos los niños ingleses están de vacaciones. Que miedo me dan!
El balance del día de ayer es HORROR, CANSANCIO, ODIO...Trabajamos casi 10 horas, sin descanso y sin comer, mientras la gente se volvía loca comprando, bebiendo champagne gratis y gritando con unas actuaciones que no llegué a adivinar de quién se trataban. Alguién decía que eran las pussycat dolls, yo ni idea. Para acabar de rematar el día, mi bolso (con toda mi ropa dentro) y mi chaqueta desaparecieron. La manager de este restaurante o lo que quiera que sea me dijo que tendría que buscarlo yo porque ella no lo iba a hacer. Finalmente lo encontré, me fuí al baño y me cambié entre amagos de desmayo y rabia.
En una hora entro otra vez a trabajar...y me temo que va a ser exactamente igual que ayer, pero hoy me voy a mi hora, eso seguro.
1 comentario:
-los centros comerciales son demonios. No te preocupes que la euforia inicial se va degradando. Sólo tienes que ver El Rosal.
qué os ha parecido el albertosaurus? es bien majestuoso. Te escribo desde casa de Elena, en Barcelona. Aquí hace un tiempo buenísimo, pero en Madrid rayos, centellas y grados bajo cero.
Besos o´clock!
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