domingo, mayo 03, 2009

08:00

Por mucho que lo intento, en este país no puedo levantarme a una hora decente. Y no me refiero a madrugar, si no a todo lo contrario. Todos los fines de semana concentro mis esfuerzos en despertarme más tarde de las 8 de la mañana pero es literalmente imposible. Algún día, muy excepcional, lo he conseguido, pero creo que ha ocurrido sólo un par de veces. Quizás sea porque aquí el día dura mucho, porque amanece a las 6, porque me acuesto muy temprano, por culpa de este puto trabajo, o porque estoy cayendo en una vejez prematura que es la culpable de mis madrugones a santo de nada.
Normalmente suelo aprovechar las mañana de fin de semana, bien sea tirada en la cama escuchando la ser, BBC World o leyendo algún blog o periódico por internet, o dedicándo mi preciado tiempo a mis odiadas tareas domésticas. De todas ellas mi preferida es limpiar la cocina. Me llevo el portátil y me pongo la música a todo trapo, nunca mejor dicho. Hablando de cocina, ayer se nos volvió a estropear la cerradura de la puerta de la cocina. Esa puerta, y la de nuestra habitación son las únicas que dan al jardín. Pues resulta que la cerradura llevaba un tiempo fatal, concretamente, desde que yo me vine a vivir aquí. Abrir y cerrar la puerta era un suplicio que requería la ayuda de unos alicates y mucha maña. Tengo que reconocer que a mi se me daba. Pero ayer, después de que Elisa y yo lo intentáramos todo para evitar el olor a salmón y a brocolli que podrían instalarse para siempre en la cocina si no éramos capaces de volver a abrir esa puerta nunca más, lo único que conseguimos fue romper la llave y la cerradura. Asiq hasta nuevo aviso o hasta la próxima visita de un cerrajero, teniendo en cuenta que mañana es Bank Holidays, la puerta de la cocina estará cerrada. A cal y canto. Cuando Elisa y yo fuimos conscientes de eso nos entró una especie de claustrofobia muy rara.

Ayer fue un sábado tranquilo. Dediqué la mañana a asuntos propios y limpieza de habitación. Luego me fui a pasear por Queensway y me pasé un par de horas ojeando tiendas de la Charity. Me compré un par de libros y una camiseta. De verdad, que fan soy de estas tiendas!. Que precios. Que cosas. Que cantidad de libros de todo. Que clientes. Que dependientas. Ayer, concretamente estuve a punto de venirme a casa con dos espejos, una silla y una estantería de mimbre sucia, pero preciosa. Pero después pensé que hasta que no nos mudemos a un apartamento no pienso comprar nada para casa porque si no es un rollo. El mundo de la Charity me ha atrapado. Y lo que también me ha atrapado es ver callejeros y todos los documentales ( si es que pueden llamarse así) de chabolismo, "probeza" y cosas por el estilo. No sé que diablos me pasa, pero tengo una especie de adicción. Creo que quizás es la necesidad de saber que existe gente más pobre que yo. Sí, debe ser eso.

También sigo muy enganchada a Gossip Girl y a mi nuevo profesor de la Callan. Es feo y cuarentón, pero cada día lleva un chaleco diferente, habla 8 idiomas y es el mejor profesor que he tenido desde que he llegado aquí, aún teniendo en cuenta que el método que nuestra academia utiliza le deja cero liberty. Lo de sus chalecos es un tema realmente apasionante. Cada día lleva un chaleco nada que ver: inspiración india, bordados colombianos, cuello mao, artesanía malasia, lana escocesa, cuadros, piel vuelta, seda...y cada día me imagino la historia que tiene su chaleco, dónde se lo puede haber comprado, a quién...creo que eso impide que a veces preste toda la atención que debiera a sus explicaciones pero es que no puedo evitarlo.

Hoy es domingo. Jorge está trabajando y yo tengo un día bien perruno. Iré a comprar al Morrisons y luego me dedicaré a leer, comer y beber mi batido de plátano-chocolate. También rezaré para que alguien se apiade de mi y me de un trabajo mejor.

2 comentarios:

Saray dijo...

Si te consuela la ventana de nuestra cocina londi estuvo sin ser abierta durante casi dos meses, gracias a que los pintores se olvidaron abrirla cuando pintarona la casa y los goterones se quedaron incrustrados allí para siempre... fue duro, pero sobrevivimos... maybe porque en nuestra casa entre alergias, religiones, vegeterianismos y disgusto hacia el pescado... nunca se cocinó.... en estos momentos te das cuenta que comer sandwiches también tiene sus beneficios, inoloros y rápidos...

Joo quiero comer sandwiches, marujear sobre la lejana sociedad ponferradina, pasear por charitys, y caminar por Oxford St para ver esos modelitos horteras (incluyan o no chalecos...)

ME ABURRO

A.L. dijo...

A mí me pasa lo mismo con los despertares. Nunca consigo despertarme lo suficientemente tarde como para estar descansado. Qué le vamos a hacer! somos unas gallinas. A esas tiendas de la Charity les quiero yo echar el guante en verano